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Macizos de flores

Las numerosas especies de plantas de flor de uso temporero (petunias, salvias, tulipanes, caléndulas, pensamientos, jacintos, begonias, agératos, narcisos, y muchas otras) se benefician si son cultivadas en grandes masas, lo que amplifica su valor ornamental y permite la creación de variadas combinaciones. Y es, precisamente, su capacidad de floración la que hace posible realizar grandes manchas de color, cuyo efecto se alarga durante muchas semanas, y hasta meses, en el jardín.
Los macizos de flor son herencia de los jardines barrocos, en los que se abrían grandes parterres, conjugando complicados dibujos hechos con boj y plantas de flor con materiales inertes. como ladrillo triturado o carbón, que aumentaban los contrastes y posibilidades cromáticas.

También se utilizaban anuales floridas en los llamados arriates o platabandas, que son franjas estrechas ribeteadas por setos o borduras bajas y cubiertas por gran variedad de plantas de este tipo. El objetivo era, al igual que en nuestros modernos parterres y macizos, crear extensos grupos coloreados que llamaran la atención del observador, incluso a una buena distancia.

CONFIGURACION Y PLANTEAMIENTO

El establecimiento de un macizo de flor se hace en plena tierra, y siempre con un tamaño proporcional al jardín en el que se halle inscrito. Hoy en día, las formas y contornos que se le dan son inmensos, solo limitadas por nuestra propia imaginación. Así pues, encajarlo en bordes rectilíneos o sinuosos, hacerlo circular, ovalado o irregular depende del gusto de cada uno o, en todo caso, de la disposición de un espacio determinado para su ubicación.

La gran ventaja de estos conjuntos florales reside en su dinamismo, es decir, en la capacidad que tienen de ser variados temporada tras temporada, con lo que se consigue una sucesión de diferentes coloraciones y combinaciones que enriquecen las posibilidades ornamentales de un jardín, por pequeño que éste sea.

De esa manera optamos por distintos planteamientos alterables hasta tires veces por año según los ciclos normales de las plantas de flor más utilizadas. Desde luego, a una mayor frecuencia de cambio en un macizo, corresponderá un más alto número de trabajos preparatorios y de mantenimiento en el mismo, aunque este pequeño esfuerzo se verá compensado por una mayor belleza de nuestro jardín.

LAS PLANTAS Y SUS CUIDADOS

En general, las plantas empleadas en la decoración de macizos se denominan “anuales” atendiendo a su ciclo de vida, pero bajo esa denominación se incluyen muchas veces las que se siembran en el año precedente a la floración (bianuales o bisanuales) y otras más duraderas (vivaces) que, por sus peculiares características, son plantadas de forma temporal. A todas ellas se suman muchas bulbosas, casi siempre enfocadas hacia la temporada de primavera.

Ni que decir tiene que la vida de una misma especie sufre importantes variaciones en función de la región en la que sea cultivada, y que esa planta que en tierras del interior sucumbe a los primeros azotes del invierno podrá, sin embargo, mantenerse saludable y lozana durante varias temporadas en zonas costeras, por ejemplo.

Las plantas orientadas a macizos de flor han sido escogidas y seleccionadas para que produzcan los mejores rendimientos y deben ser tratadas con la mayor devoción y atención desde el primer momento tanto si son sembradas en nuestro propio jardín como si se adquieren ya criadas.

Esto supone un seguimiento constante por parte del aficionado, quien pronto aprenderá que, sin unos mínimos cuidados, sus plantas temporeras de flor serán incapaces de prosperar. Muchas personas se desaniman por esto, ya que es cierto que la satisfacción última viene precedida de un trabajo y una laboriosidad constantes.


Nuestras plantas de temporada nos demandarán un terreno trabajado y abonado en el que puedan desarrollar su sistema radicular, así como que no dejemos crecer a las malas hierbas, una limpieza regular de hojas y flores marchitas y una vigilancia constante de los parásitos y las enfermedades producidas por hongos.

Este sería el resumen de los cuidados básicos de las plantas de macizo, complementados por otros, no tan importantes pero muy eficaces para sacarles el mayor partido ornamental.
Durante las primeras semanas conviene dar algún que otro pase de azadilla que rompa la capa superficial del terreno, labor que puede coincidir con la limpieza de malas hierbas.

El riego, hecho en la mañana o en la tarde, es preferible aplicarlo a pie de planta, lo que no resulta complicado si abrimos sólo un poco el paso del agua y llevamos la boca de la manga a nivel del suelo. Mantener perfilados los bordes del macizo da sensación de pulcritud y ayuda a definir sus límites visualmente.

Y, por último, hay que subrayar la conveniencia de dar un tiempo de reposo a la tierra que sirve de base a nuestras plantaciones, cavándola y abonándola justo después de levantar las plantas al final de una temporada, y dejándola así durante, al menos, dos semanas.



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jaimerubio

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