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BULBOSAS - Capítulo 2 : Historia de las bulbosas

Muchas plantas bulbosas están ligadas a períodos importantes de la historia. Pensemos en la mandioca, el boniato y el ñame, que durante siglos han constituido el alimento básico de muchos pueblos primitivos; en los puerros y las cebollas, muy apreciados por los egipcios, o en las patatas, de vital importancia para los indígenas de Sudamérica. El azafrán, obtenido de los pistilos de Crocus Sativus, constituyó durante siglos la base del comercio de la civilización minoica, que lo difundió por todo el mundo conocido en la época. Y no se trataba sólo de una especia, sino también una sustancía tintórea, un aroma y un fármaco eficaz. Aún en nuestros días es un producto apreciado y caro, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que para producir 50 g de polvo son necesarias 8.000 flores.

Otras especies tienen importancia por sus características estéticas. El lirio, probablemente Iris pseudacorus fue durante mucho tiempo el emblema de los reyes de Francia. La azucena (Lilium candídum), conocida ya en la antigua Creta y en tiempos del rey Salomón, tenía para los griegos un valor ritual, ya que era la planta consagrada a Hera, diosa de la pureza. Según la tradición, Afrodita introdujo con malicia el pistilo, de aspecto fálico. Es por ello que en la iconografía cristiana la azucena, que aparece con frecuencia en manos del ángel de la Anunciación como símbolo de pureza, carece de pistilo.

Sin embargo, el relato más sorprendente es el que se refiere al tulipán. Ignorado por los grandes autores clásicos Dioscórídes, Teofrasto y Plinio, que evidentemente no lo conocieron, aparece en cambio citado por poetas persas de los siglos XIII al XIV. En el siglo XVI era un motivo ornamental frecuente. No obstante, fue un diplomático flamenco, Ogíer Ghíslaín de Busbecq, embaja­dor del emperador Fernando I de Austria en la corte del sultán Solimán el Magnífico, en Constantinopla, el primer europeo que advirtió la existencia de los tulipanes.

Transcurría el año 1554 cuando, en el camino de Adrianópolis a Constantinopla, se sintió sorprendido ante la visión de unas flores bellísimas en pleno invierno. Se dio cuenta además de que los turcos estaban dispuestos a pagar ingentes sumas de dinero para adquirir las variedades más bellas y raras. Al poco tiempo, los tulipanes hicieron su entrada triunfal en los jardines imperiales de Viena. Cuando algunos años más tarde el botánico flamenco Carolus Clusius se trasladó de Austria a Leiden, en Holanda, llevando consigo los bulbos de esta valiosa planta, la fama de lostulípanesse extendió deforma poco usual. Clusius, que había plantado los preciados bulbos en su propio jardín, eludió durante algún tiempo las peticiones y la curiosidad de la gente, pidiendo cifras exorbitantes a quienes se mostraban interesados en adquirir estas flores. Sin embargo, una noche alguien se introdujo furtivamente en su jardín y sustrajo flores y bulbos que logró después multiplicar en gran cantidad, dando inicio a un floreciente comercio.

Posteriormente, se descu­brió que los tulipanes, cuando se propagan por medio de bulbos, pueden dar origen, en la siguiente generación, a individuos de colores abigarrados y raros, que en apariencia nada tienen que ver con los de sus progenitores.

Hasta el siglo XIX no se averiguó que este fenómeno era causado por un vírus. De esta forma comenzó una carrera desenfrenada para la adquisición de bulbos que, en teoría, podían dar cualquier sorpresa. En el período de 1634-1637 los precios experimentaron un ascenso continuo y la llamada tulipomanía acabó por contagiar a toda la población, incluidos los nobles y los proletarios. Sin embargo, en un momento dado el mercado se saturó y los precios comenzaron a caer en picado. Símbolo del fin de esta tulipomanía lo fue un tal profesor Evrard Forstius, quien tenía la costumbre de destruir con su bastón todos los tulipanes que encontraba accidentalmente en su camino. Tal vez la tulipomanía no ha desaparecido del todo, ya que aún hoy se producen y comercializan en Holanda miles de millones de bulbos cada año.



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