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BULBOSAS - Capítulo 3 : El ciclo vegetativo

Aunque los ciclos biológicos de las plantas, incluidas las bulbosas, pueden diferir en su duración y modalidad, con el tiempo evolucionaron y experimen­taron modificaciones con al objeto de realizar de manera óptima una única tarea: la reproducción o, expresado en otras palabras, la conservación de la especie. Este proceso consta de numerosas etapas. Cuando las condiciones de temperatura y humedad resultan favorables, los bulbos, cormos, tubérculos y rizomas y las raíces tuberosas desbloquean los mecanismos de latencía y comienzan la fase vegetativa.

En primer lugar suele desarrollarse el sistema radical, que desempeña la doble función de anclar planta en el suelo y absorber del terreno el agua y las sales minerales. Cuando las raíces están formadas aparece la parte aérea, que se encarga de garantizar, a través de la flor y las semillas, la reproducción sexual, así como de llevar a cabo, por medio de las hojas, la síntesis y la acumulación de sustancias de reserva, incluidas las que son necesarias para que la planta florezca al año siguiente. Por esta razón, hay que evitar eliminarías prematuramente.

Mientras el clima resulta desfavorable, los bulbos continúan su existencía subterránea utilizando sus reservas energéticas para crear bulbos secundarios laterales o nuevas escamas en el interior de la túníca. Algunos lirios y ciertas especies del género Frítullaria pueden saltarse, sin causa aparente, un ciclo vegetativo completo.

La reproducción puede tener lugar por fecundación sexual o polinización, que consiste en la unión, a través del estigma que recibe el polen, de una célula masculina producida por las anteras y una célula femenina, encerrada en el pistilo. Las plantas pueden tener además Otro medio para asegurar la descendencia y perpetuar la especie: la reproducción vegetativa o agámica. La progenie en este caso es idéntica al progenitor. De hecho, no se produce intercambio de material genético entre distintos individuos.

En las plantas bulbosas la reproducción vegetativa se realiza en la naturaleza mediante la formación, en los bulbos o cormos, de bulbillos de distintos tamaños que pueden separarse de la planta madre y llevar una vida independiente.

Este fenómeno es patente, por ejemplo, en los narcisos y los tulipanes. Algunas especies de los géneros LiIium y Calochortus pueden formar en las axilas de las hojas pequeños bulbos que, una vez terminada la floración, se separan de la planta madre, caen al suelo y, sí las condiciones ambientales son favora­bles, dan lugar a un bulbo capaz de florecer en el transcurso de uno o dos años.

Por otra parte, determinadas especies de tulipanes (ej. Tulipa sylvestris) originan en la base de los bulbos unos estolones que pueden llegar a medir hasta 70 cm de longitud, en cuyas extremidades se forman nuevos bulbos.

Los rizomas son también estructuras reproductivas muy eficaces. En el caso del iris, por ejemplo, crecen hasta invadir toda el área que rodea la planta, pudiendo formarse en cada nudo otra nueva.



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jaimerubio

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