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BULBOSAS - Capítulo 6 : Plantación

Existen tres métodos principales para plantar los bulbos. El primero de ellos, utilizado para plantar ejemplares aislados en una pradera o junto a otras plantas, consiste en la perforación, por medio de una paleta especial planta-bulbo al que permite extraer cilindros de tierra de la profun­didad deseada, de pequeños agujeros que vuelven a taparse después de haber depositado los bulbos en el fondo.

El segundo método es semejante al primero, aunque se imita al empleo de una paleta de jardinería normal, mediante la cual se excava una porción de suelo que vuelve a cubrírse tras haber colocado los bulbos en el fondo. Este método es sin duda mucho más rápido y suele aplicarse en terrenos ya removidos y por lo tanto fáciles de trabajar, así como cuando es necesario hacer agujeros no muy profundos.

El tercer método resulta muy adecuado para plantar grupos de bulbos y consiste en excavar con una pala un rectángulo detierra de dimensiones y profundidad variables, en función del tipo y del número de bulbos que se desee plantar. Sobre el fondo se esparce un poco de polvo de huesos, a continuación se añade una capa de tierra delgada, se colocan los bulbos manteniendo entre ellos la distancia conveniente y, por último, se cubre todo con tierra. Aunque este método no se utiliza con mucha frecuencia, proporciona excelentes resultados.

En lo que respecta a la profundidad a la que deben ser colocadas las distintas especies de bulbos, cormos, tubérculos, rizomas o raíces tuberosas, el lector deberá remitírse a las fichas, si bien conviene hacer una advertencia: no se deben tomar dichas sugerencias de forma estricta.

En líneas generales, la profundidad de la plantación deberá ser mayor en los suelos arenosos o en los que estén sometidos a deshidratación en los períodos cálidos y secos, mientras que deberá ser menor en los suelos compactos. Una plantación demasiado superficial comporta siempre un riesgo mayor. En la naturaleza, los bulbos de algunas especies pueden encontrarse incluso a una profundidad de 40cm.

En cualquier caso, una regla general podría ser enterrar los bulbos a una profundidad equivalente al doble o el triple de su diámetro máximo. Por lo que se refiere a la distancia entre las flores, la flexibilidad es considerable y varia de acuerdo con el efecto que se desee obtener. En grupos naturales de crocus, campanillas de invierno o ciclámenes, una distancia de 5-10 cm puede ser suficiente. Las especies más voluminosas, como gladiolos, jacintos, lirios y azucenas, requieren en cambio distancias superiores a 10-20 cm.

Por último, la época de plantación varia en función de la época de floración. En general, todas las especies silvestres de floración primaveral se deben plantar en Otoño. Se incluyen en este grupo la mayor parte de las especies bulbosas típicas, como tulipanes, lirios, narcisos y las del género Fritillaria, etc.

Otras muchas especies silvestres florecen en Otoño y se deben plantar durante el verano, época que resulta también adecuada para el trasplante de las especies con un período de lactancia muy breve. Las más conocidas son los cólquicos, los crocus y los narcisos otoñales, Nerine, Amaryllis, etc.

Existen innumerables especies no silvestres y de floración estival que han de ser plantadas en primavera, cuando no exista riesgo de heladas tardías. Entre ellas, cabe mencionar Acidanthera, Hymenocallis, Dahlia, Sinningia, Tigridia, etc.



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