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BULBOSAS - Capítulo 8 : Protección durante el invierno

Todos los jardineros expertos saben que una buena norma es cortar las flores cuando empiezan a marchitarse. De esta forma se evita a la planta el esfuerzo de llevar a cabo la fructificación y la formación de semillas, procesos que requieren un gasto energético considerable y que sólo son necesarios cuando se desea lograr la reproducción.

Otro cuidado importante, con frecuencia olvidado, es el de respetar el follaje hasta que se haya marchitado completamente. De esta forma la planta tiene el tiempo y la oportunidad de almacenar en los organos subterráneos las sutancias de reserva necesarias. Durante la época de floración se necesitan muchos recursos energéticos que sólo se pueden compensar mediante la actividad fotosíntétíca de las hojas.

Una vez finalizado el ciclo vegetativo es necesario pensar en las estaciones climatológícamente adversas. No todas las plantas son capaces de tolerar las heladas de invierno. Las llamadas especies silvestres, entre las que se cuentan los crocus, los narcisos, los tulipanes, las escilas y muchos otros bulbos clásicos, soportan sin mayores problemas temperaturas inferiores a -20 °C. Distinto es el caso de las llamadas plantas semisílvestres que, sino se cultivan en lugares con una especial protección, requieren medidas suplementarias tales como la cobertura del terreno con hojas secas, paja, fragmentos de madera u otros materiales. Lafínalidad de tal operación esevitarque lascapas profundas del terreno lleguen a congelarse.

La cobertura ha de ser levantada progresivamente a partir del mes de febrero. Con ello se consigue que el terreno no llegue a calentarse en exceso con los primeros rayos de sol de primavera, hecho que implicaría la floración precoz de las plantas.

Cabe mencionar, por otra parte, las especies más delicadas, que han de extraerse del terreno en otoño y replantarse en primavera, una vez pasado el peligro de heladas. Entre éstas se cuentan Ac¡danthera, Crocosmia, Gloriosa, Tigridia, etc.

Acabada la fase vegetativa, y antes de que lleguen los rigores invernales, bulbos, tubérculos, cormos, rizomas y raíces tuberízadas de las especies delicadas deben extraerse y resguardarse hasta la primavera siguiente.

En todos los casos, no obstante, los bulbos y los demás órganos subterráneos han de dejarse secar durante diez días en un ambiente bien ventilado, para posteriormente proceder a su selección, limpieza, tratamiento preventivo con fungicida y reubícación en cajas bajas de madera, abiertas y llenas de turba o vermiculíta.

Es importante evitar que se toquen entre ellas, con el fin de impedir que se produzcan fenómenos de marcescen­cia, Por Otra parte, es conveniente protegerlos de los ratones, por ejemplo con una red metálica.

La habitación debería tener, dependiendo de los casos, una temperatura comprendida entre 5-7 °C, suficiente para conservar las raíces tuberosas de las dalias, y entre 13-14 °C para Achímenes, o hasta 17-18 °C para muchas iridáceas y amarilidáceas (como Acídanthera, Tigridía, Vallotta, etc.) originarias de paises con pocas variaciones térmicas a lo largo del año y que no suelen tolerar descensos bruscos de temperatura.



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jaimerubio

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