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BULBOSAS - Capítulo 9 : Multiplicación

Existen dos métodos para propagarlas plantas: la multiplicación por semilla o gámíca y la multiplicación vegetativa o agámíca. a) Multiplicación por semilla b) Multiplicación vegetativa

a) Multiplicación por semilla o gámica

Es la reproducción sexual originada por la unión de dos células: una masculina, producida en los estambres, es decir el órgano reproductor masculino, y una célula femenina contenida en el ovario, órgano reproductor femenino.

En síntesis, el proceso ocurre deis siguiente manera: los gránulos de polen, liberados por las anteras y transportados por los insectos, el viento u Otros agentes, llegan hasta el estigma, que es la parte apical del órgano reproductor femenino, penetrando en su interior para llevar a cabo la fecundación. Se desencadenan entonces una serie de fenómenos complejos que conducen a la formación de la semilla, que no es otra cosa que un embrión provisto de sustancias nutritivas de reserva y envuelto por un tegumento protector. El aspecto, la forma y el tamaño de las semillas pueden variar consíderablemente. Por Otra parte, pueden estar desnudas o protegidas por el fruto.

Gracias al intercambio continuo, a través de la fecundación, del material hereditario perteneciente a individuos distintos, se produce en la naturaleza una gran variabilidad incluso entre individuos de la misma especie. Sobre dicha variabilidad actúa la evolución, propiciando determinados caracteres y desfavoreciendo Otros.

En floricultura, estas variaciones constantes de las características de una especie, como resultado de la reproducción sexual, sólo son apreciadas cuando se trata de conseguir nuevas variedades. De lo contrario, es preferible que las distintas especies o variedades de plantas mantengan sus características inalteradas en el tiempo, en la medida de lo posible. Ésta es la razón por la que se suele recurrir a la propagación vegetativa, por medio de la cual sólo se obtienen individuos idénticos a su progenitor. Sin embargo, existe también Otra razón que induce a los amantes de los bulbos a no confiar en las semillas: la mayor parte de las plantas bulbosas obtenidas a partir de semillas sólo logra florecer al cabo de 4 o 5 años. La especie Cardiocrinum giganteum llega a necesitar incluso 7 años.

Desde luego hay excepciones: las dalias enanas, por ejemplo, se siembran en febrero-marzo y florecen en el mismo año; las freesias emplean de 6a 12 meses para alcanzar la época de floración.

Las semillas tienen una capacidad de supervivencia muy variable y pueden mantener sus características inalteradas durante días, meses o años, dependiendo de la especie que las haya producido y de la forma en que se conserven. En cualquier caso, requieren para su germinación condiciones de temperatura, oxigeno y humedad muy especificas. Por lo general, la siembra de las especies bulbosas que necesitan varios años para florecer no suelen realízarse directamente en el terreno sino en recipientes de ardua, madera o plástico de tamaño variable. En el fondo de éstos hay que colocar un estrato de guijarros o de Otro material idóneo para garantizar un buen drenaje. La mezcla ideal para la siembra se prepara con dos partes de mantillo de jardín esterilizado, una parte de turba, una parte de arena y perfosfato mineral, cal u Otros elementos nutritivos en las proporciones adecuadas. Algunas semillas que poseen tegumentos muy duros (por ejemplo, las semillas de Freesia) deben dejarse en remojo durante 24 horas.

En líneas generales, las semillas muy pequeñas simplemente se apoyan sobre el sustrato; las más grandes, en cambio, deben cubrirse con una capa de mantillo o de arena equivalente a su diámetro. A continuación conviene administrar agua en abundancia utilizando una regadera para flores delica­das. Uno de los cuidados fundamentales que garantiza el éxito de la opera­ción es intentar conseguir que la humedad se mantenga lo más constante posible.

Para ello, se puede cubrir la superficie sembrada con una tela gruesa humedecida o incluso con un cristal, que debería eliminarse una vez tenga lugar la germinación, la cual puede tardar en producirse un tiempo variable, entre unos pocos días y varías semanas. En el caso de Lilium auratum este período puede prolongarse hasta 3 meses. La temperatura ideal oscíla entre 14 y 18 °C. Cuando las plantas hayan crecido bastante para poder manipu­larías se extraen del semillero y se trasplantan con la ayuda de una espátula, en un sustrato para macetas, manteniendo una distancia de 3-5 cm entre ellas y teniendo cuidado de no dañar las raíces o el tallo. A continuación, dependiendo de la especie de que se trate, pueden mantenerse en el invernadero durante algún tiempo o bien ser trasladadas a un vivero o al aire libre.

 

b) Multiplicación vegetativa o agámica

Es el método que se emplea con más frecuencia para la multiplicación de las plantas bulbosas, mediante el cual se obtienen, como ya se ha dicho, individuos idénticos, incluso desde el punto de vista genético, a la planta madre.

Generalmente. los bulbos y los cormos, cuando están bien desarrollados, suelen formar en su base algunos bulbíllos que, una vez separados, son capaces de llevar una vida autónoma y originar, al cabo de pocos años Inormalmente dos o tresí una nueva flor. Los bulbillos han de ser recogidos en otoño, conservados durante el invierno en un lugar seco y replantados en verano en vivero, donde se cultivan hasta que alcanzan las dimensiones necesarias para la floración. Los gladíolos, por ejemplo, producen en la base de los cormos numerosos bulbíllos del tamaño de un guisante que se plantan a mediados de marzo en surcos excavados a una distancia de 30cm unos de otros y a una profundidad de 5-8 cm, entre dos capas de arena y en sustrato de maceta, para que florezcan al cabo de 203 años. Muchos lirios producen todos los años dos o más bulbos que pueden separarse en Otoño o en primavera. Los tulipanes pueden formar bulbillos de tres tamaños distintos:

grandes, medianos y pequeños. Los más pequeños se plantan a 5 cm de profundidad y los más grandes a 15 cm. La distancia entre ellos debe ser equivalente al doble de su tamaño. Estos bulbíllos florecerán al cabo de 1 año líos más grandesí 03 líos más pequeñosí.

Algunas especies de Lilium, entre ellas L. bulbiferum, L. tigrinum y L. sargent¡ae, producen pequeños bulbíllos en la axila de las hojas que pueden separarse en agosto-septiembre cuando éstas empiezan a ponerse amarillas, para plantarlos en vivero, en hileras o macetas. Al cabo de uno o, a lo sumo, dos años alcanzan el tamaño idóneo para trasplantarlos a su lugar definitivo donde florecerán.

 

Los ajos ornamentales producen bulbillos aéreos en las umbelas que len tratarse de formar análoga a los de los lirios.

Algunas iridáceas, entre las que se encuentran los gladíolos y los crocus, .,ilen multíplícarse también por división de los cormos. En este caso, los irnos de reserva deben cortarse verticalmente con un cuchillo muy afilado, teniendo cuidado de que cada una de las mitades conserve al menos una y una porción del disco basal. A continuación las superficies desnudas ii en tratarse con una sustancia fungicida y. una vez que ésta se haya secado, irán plantarse de nuevo.

Las especies tuberosas y rizomatosas se multiplican simplemente dividiendo órganos subterráneos, teniendo cuidado de que cada pedazo conserve al menos una o dos yemas. Se tratan de esta manera los rizomas de las calas, Canna, de los lirios rizomatosos, de Hedychium, Smithianta, etc. y los tubérculos de Sinningia, Gloriosa, etc. Resulta algo más compleja la división de las raíces tuberosas de las dalias, que sólo presentan yemas en el cuello deben por tanto seccionarse de forma que cada nueva porción tenga al r,enos un pedazo del tallo de la planta madre. Es siempre conveniente incluir esta operación con un tratamiento a base de un polvo fungicida, con el fin de prevenir posibles ataques por parte de agentes patógenos.

Todas las especies y los híbridos de los lirios se pueden reproducir también dividiendo las escamas, o catáfílos, presentes en los bulbos. En otoño a primavera se separan con cuidado, dejando unido a cada una de ellas un pedacito de la placa basal, y se plantan inclinadas, hundiéndolas sólo hasta mitad en cajones llenos con una mezcla estéril de turba y arena en partes iguales. Al poco tiempo seforman en la base de las escamas pequeños bulbos nuevos. La temperatura ideal para obtener éxito en esta operación oscila entre 10 y 12 °C. El riego se debe ir aumentando conforme se desarrollan las raíces y los bulbillos.

Las dalias y las begonias tuberosas se pueden multiplicar también por esquejes de los brotes. Esta técnica, relativamente sencilla, permite obtener en poco tiempo numerosos individuos nuevos. Para llevarla cabo, se colocan los tubérculos o las raíces tuberosas en turba húmeda, se observa la formación de nuevos brotes y cuando éstos alcanzan una longitud le 7-8cm se separan y se hacen arraigar en cajones llenos con una mezcla le mantillo de jardín, turba y arena en partes iguales. Por último, algunas irlantas pertenecientes a la familia de las gesneriáceas (Sinningia, Smithianta, etc). se pueden propagar también por esquejes foliares. En este caso, Irirante los meses de mayo-junio se separan las hojas con sus peciolos, se sumergen en una mezcla de arena y turba y se mantienen a una temperatura le 20-24 °C. Pronto aparecerán nuevas plántulas.



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jaimerubio

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