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Mantenimiento del huerto

El huerto, por pequeño que sea, requiere una atención mínima, incluso durante las épocas en que se interrumpe la temporada vegetativa de las plantas.

Ciudados del huertoBásicamente, todas las labores consisten en preparar el terreno para un cultivo, hacer la siembra o plantación, cuidar el desarrollo de la hortaliza y recogerla. Lo que hay que hacer es adecuar la época para cada una de estas actividades a la especie de que se trate y combinarlas del modo más racional posible, no sólo por las afinidades o incompatibilidades que presente cada vegetal, sino también por ahorrar tiempo y esfuerzos. Con todo, cada estación tiene trabajos propios.

La rotación de cultivos, en sus líneas fundamentales, es aplicable también al huerto pequeño, aunque si las dimensiones son muy reducidas, el uso adicional de recipientes y la posibilidad de modificar la naturaleza del terreno (por tratarse de cantidades relativamente pequeñas, algo inviable en los cultivos en grandes superficies) nos permite soslayar en buena medida estas limitaciones.

La alternancia, o rotación de los cultivos, no es más que evitar cultivar un mismo tipo de hortalizas en la misma parcela durante años sucesivos. El motivo es doble, por un lado impedir que la tierra se agote en exceso por consumo predominante de un determinado tipo de nutriente; por otro, muchos insectos perjudiciales necesitan más de una temporada para completar su ciclo vital, por lo que si antes de que éste finalice hemos cambiado el cultivo, no pueden completarlo y mueren.

Errores más comunes

  • Destinar un terreno de tipo compacto y arcilloso a bulbos y raíces, sin realizar trabajos previos de tratamiento. Repercutirá en el desarrollo.

  • Cada labor requiere su tiempo. Pretender "quemar etapas" es un error frecuente del principiante. Muchos trabajos necesitan un tiempo de maduración para que la tierra quede bien preparada.

  • Cultivar el mismo tipo de hortalizas en la misma parcela en años sucesivos, aunque se repongan los nutrientes, permite reproducirse a los parásitos.

  • Aplicar más abonos de los recomendados. No sólo se pierde dinero, sino que puede resultar tóxico para las plantas.

  • Una vez finalizada la época de recolección, hay quien abandona la parcela sin preocuparse, confiando en ganar en primavera el tiempo perdido. Pero hay labores que deben hacerse en invierno.

  • Creer que sólo la primavera y el verano permiten cultivar hortalizas en lugares de climas fríos. Hay también variedades de invierno.

  • Hacer los trasplantes durante las horas de más calor es un proceso que provoca estrés a las plantas, por lo que conviene elegir las horas más frescas y menos secas.

  • Esperar a la primavera para airear el suelo y trabajarlo hasta darle una consistencia adecuada para la siembra. Tenía que haberse hecho en invierno.

  • Pretender obtener las propias semillas para el siguiente cultivo. El aficionado no dispone de medios para evitar la merma de calidad. Es mejor comprarlas.

  • Dar un riego general en un huerto pequeño hace que unas hortalizas reciban demasiada agua, mientras que otras se quedan sedientas. A cada una hay que darle lo que necesita.

  • Utilizar el agua de una manguera que ha permanecido todo el día bajo el sol en verano. Estará a temperatura tan alta que puede quemar las plantas.

En la rotación de los cultivos podemos seguir una regla general simple: haremos tres grandes grupos de hortalizas, las de raíz, las coles y otras crucíferas y las restantes especies. La alternancia consiste en cultivar en cada parcela uno de estos tres tipos cada temporada sucesiva y combinarlo de modo ue no coincidan en parcelas próximas. Por ejemplo, si en un terreno hemos cultivado coles, la siguiente temporada no plantaremos en él nabos o rábanos (pues también son crucíferas), sino remolachas o zanahorias (que son hortalizas de raíz), o bien apios, puerros o lechugas.

Cuando acaba la temporada y se inicia el invierno, después de las últimas cosechas, llega la hora de hacer una limpieza general en el huerto y cavar el terreno para airearlo. En regiones de inviernos fríos, las heladas ayudan a desmenuzar la tierra. Durante este periodo de inactividad, es el momento de planificar con cuidado los cultivos para el nuevo año y reparar las herramientas si es necesario. También podemos hacer aquellos trabajos de construcción que más tarde será imposible realizar, como tender una cañería para que llegue agua hasta el extremo del huerto o construir elementos protectores.

De todos modos, es posible que alguna parcela siga con cultivos tardíos, como coles de Bruselas, espinacas, coliflores o escarolas. Su cosecha se irá escalonando durante toda esta estación.

Hacia finales del invierno puede comenzarse a estercolar y abonar, después de haber cavado bien la parcela otra vez. También es la época de iniciar las siembras, por ejemplo de guisantes rústicos.

Con la llegada de la primavera se completan las cosechas de las hortalizas de invierno y comienzan las siembras. Guisantes, habas o rábanos al exterior y lechugas, apios, coliflores o puerros bajo abrigo. Además, se harán plantaciones de ajos. Hay que continuar trabajando el suelo para preparar nuevas plantaciones y abonar otra vez, pues con la llegada del buen tiempo las plantas crecen y necesitan muchos nutrientes.

Las labores son similares durante todo el resto de la primavera, debiendo cuidar, además, los semilleros que queden al exterior, para evitar que los pájaros y otros animales puedan destruirlos. La eliminación manual de las malas hierbas es importante para que estas plantas no roben los nutrientes a nuestros cultivos y evitar que lleguen a fructificar, pues entonces su multiplicación sería imparable. Es una labor que sí se lleva a cabo cada día nos ocupará poco tiempo. Lo mismo ha de hacerse con las plagas, evitando así el empleo de insecticidas y otros productos químicos.

A medida que queden parcelas libres de variedades tempranas se harán siembras y plantaciones adecuadas a la estación.

Al iniciarse el verano podremos recoger guisantes, habas, lechugas, rábanos, espárragos fresas, tomates, etc. Hay que sembrar pepinos, calabacines, escarolas, endivías, zanahorias y otras especies que recolectaremos un par de meses después. Todos estos trabajos se continúan hasta el comienzo del otoño.

Con la llegada de esta estación se recolectan muchas de las siembras de primavera y verano y hacen a su vez las de vaedades resistentes o de invierno. También hay que comenzar las primeras labores de limpieza y preparación del terreno para el invierno.

El agua la necesitan todas las plantas, pero no en igual medida. Algo tan evidente es a menudo el motivo de fracasos, como son unos tomates acuosos e insípidos o unas zanahorias correosas. Si las hortalizas se cultivan al aire libre en parcelas, conviene agruparlas (además de tener en cuenta sus afinidades o contraindicaciones) en función del agua que necesiten, de modo que todas reciban la cantidad necesaria. El empleo de recipientes (cubos o similares) permite una de limpieza y preparación del dosificación más individualizada.

Los dos métodos de riego más adecuados para el huerto son el de aspersión y el de infiltración lateral, al que podemos añadir el de goteo cuando se emplean cubiertas para determinadas hortalizas. Conviene seguir algunas reglas generales para evitar problemas y para racionalizar el uso del agua. Así, durante las épocas de más calor deberá evitarse hacer el riego cuando el sol está alto, pues la evaporación es muy elevada. Además, si se hace rociando directamente las plantas, las pequeñas gotítas actúan a modo de lentes y llegan a quemar los tejidos. La mejor hora para hacerlo es, por tanto, el atardecer o por la noche. También hay que evitar que el agua esté demasiado fría, como suele suceder en verano si se recoge directamente de un pozo. Si se emplea una regadera, se deja algún tiempo al sol para que se caliente.

Para regar con manguera, se utilizará un aspersor, pues el chorro directo tiene una gran fuerza y en ocasiones rompe y daña las hortalizas. Otra norma general es no regar cuando está próxima la cosecha y tampoco hacerlo sobre el terreno donde crecen hortalizas de raíz, ya que podrían producirse enfermedades como la podredumbre.



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jaimerubio

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