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INTRODUCCIÓN

Las labores que deben realizarse en un huerto de dimensiones reducidas son, en principio, las mismas que en cualquier otro huerto, aunque la menor disponibilidad de espacio impide utilizar maquinaria. Muchos trabajos deben realizarse, por tanto, de forma manual, pero no constituyen un esfuerzo cxcesivo y muchas veces contribuyen a aumentar el placer de esta actividad pues el pequeño horticultor casi siempre considera esta variante de la horticultura una afición satisfactoria por sí misma.

Herramientas

Para el huerto al aire libre, la pala es una de las herramientas esenciales para realizar gran parte de los trabajos más pesados. Si el espacio lo permite, una pequeña carretilla es de gran utilidad para transportar plantones, estiércol y tierra de un lado para otro. La azada y el bieldo son otras dos herramientas que suelen acompañar al horticultor. Con la primera se hacen trabajos en la superficie del suelo y también pueden excavarse hoyos, mientras que el segundo se emplea para mullir la tierra y recoger diversas hortalizas, sin dañarlas.

Errores más comunes

  • A veces el aficionado se dota de todo tipo de herramientas y llega un momento en que éstas apenas le dejan sitio para trabajar. En el huerto pequeño hay que seleccionar sólo unos pocos útiles básicos, que son más que suficientes.

  • Si se dejan las herramientas sin limpiar en la parcela, pronto se estropean. Es imprescindible limpiarlas y guardarlas bien todas después de utilizarlas.

  • A menudo, se van dejando las herramientas en el suelo después de usarlas, sin prestar atención al modo de hacerlo. Un rastrillo con las puntas hacia arriba o una azada con el borde hacia arriba pueden provocar un accidente.

El rastrillo es muy útil para distribuir de manera uniforme una capa fina de tierra al sembrar o para repartir el estiércol, así como para retirar bojas o igualar pequeños desniveles. Para eliminar las malas hierbas en las hileras se usa el legón, que exige trabajar inclinados. Es también muy útil un trasplantador, sobre todo cuando se trabaja con recipientes y cajoneras. Las tijeras de podar sirven principalmente para cortar frutos al hacer la cosecha y recortar los listes de especies como los guisantes o judías.

Por último, una herramienta casi imprescindible en el huerto, sobre todo si es de pequeñas dimensiones, es la regadera. Debe tener una capacidad de 10 a 15 litros, puesto que si es más grande exigiria demasiado esfuerzo para transportarla y resulta incómoda de manejar. Sin embargo, cuando las dimensiones de las parcelas son algo mayores, conviene emplear también una manguera, que nos evitará muchos desplazamientos.

Labores de mentenimiento

El huerto, por pequeño que sea, requiere una atención mínima, incluso durante las épocas en que se interrumpe la temporada vegetativa de las plantas.

Básicamente, todas las labores consisten en preparar el terreno para un cultivo, hacer la siembra o plantación, cuidar el desarrollo de la hortaliza y recogerla. Lo que hay que hacer es adecuar la época para cada una de estas actividades a la especie de que se trate y combinarlas del modo más racional posible, no sólo por las afinidades o incompatibilidades que presente cada vegetal, sino también por ahorrar tiempo y esfuerzos. Con todo, cada estación tiene trabajos propios.

La rotación de cultivos, en sus líneas fundamentales, es aplicable también al huerto pequeño, aunque si las dimensiones son muy reducidas, el uso adicional de recipientes y la posibilidad de modificar la naturaleza del terreno (por tratarse de cantidades relativamente pequeñas, algo inviable en los cultivos en grandes superficies) nos permite soslayar en buena medida estas limitaciones.

La alternancia, o rotación de los cultivos, no es más que evitar cultivar un mismo tipo de hortalizas en la misma parcela durante años sucesivos. El motivo es doble, por un lado impedir que la tierra se agote en exceso por consumo predominante de un determinado tipo de nutriente; por otro, muchos insectos perjudiciales necesitan más de una temporada para completar su ciclo vital, por lo que si antes de que éste finalice hemos cambiado el cultivo, no pueden completarlo y mueren.

Errores más comunes

  • Destinar un terreno de tipo compacto y arcilloso a bulbos y raíces, sin realizar trabajos previos de tratamiento. Repercutirá en el desarrollo.

  • Cada labor requiere su tiempo. Pretender "quemar etapas" es un error frecuente del principiante. Muchos trabajos necesitan un tiempo de maduración para que la tierra quede bien preparada.

  • Cultivar el mismo tipo de hortalizas en la misma parcela en años sucesivos, aunque se repongan los nutrientes, permite reproducirse a los parásitos.

  • Aplicar más abonos de los recomendados. No sólo se pierde dinero, sino que puede resultar tóxico para las plantas.

  • Una vez finalizada la época de recolección, hay quien abandona la parcela sin preocuparse, confiando en ganar en primavera el tiempo perdido. Pero hay labores que deben hacerse en invierno.

  • Creer que sólo la primavera y el verano permiten cultivar hortalizas en lugares de climas fríos. Hay también variedades de invierno.

  • Hacer los trasplantes durante las horas de más calor es un proceso que provoca estrés a las plantas, por lo que conviene elegir las horas más frescas y menos secas.

  • Esperar a la primavera para airear el suelo y trabajarlo hasta darle una consistencia adecuada para la siembra. Tenía que haberse hecho en invierno.

  • Pretender obtener las propias semillas para el siguiente cultivo. El aficionado no dispone de medios para evitar la merma de calidad. Es mejor comprarlas.

  • Dar un riego general en un huerto pequeño hace que unas hortalizas reciban demasiada agua, mientras que otras se quedan sedientas. A cada una hay que darle lo que necesita.

  • Utilizar el agua de una manguera que ha permanecido todo el día bajo el sol en verano. Estará a temperatura tan alta que puede quemar las plantas.

En la rotación de los cultivos podemos seguir una regla general simple: haremos tres grandes grupos de hortalizas, las de raíz, las coles y otras crucíferas y las restantes especies. La alternancia consiste en cultivar en cada parcela uno de estos tres tipos cada temporada sucesiva y combinarlo de modo ue no coincidan en parcelas próximas. Por ejemplo, si en un terreno hemos cultivado coles, la siguiente temporada no plantaremos en él nabos o rábanos (pues también son crucíferas), sino remolachas o zanahorias (que son hortalizas de raíz), o bien apios, puerros o lechugas.

Cuando acaba la temporada y se inicia el invierno, después de las últimas cosechas, llega la hora de hacer una limpieza general en el huerto y cavar el terreno para airearlo. En regiones de inviernos fríos, las heladas ayudan a desmenuzar la tierra. Durante este periodo de inactividad, es el momento de planificar con cuidado los cultivos para el nuevo año y reparar las herramientas si es necesario. También podemos hacer aquellos trabajos de construcción que más tarde será imposible realizar, como tender una cañería para que llegue agua hasta el extremo del huerto o construir elementos protectores.

De todos modos, es posible que alguna parcela siga con cultivos tardíos, como coles de Bruselas, espinacas, coliflores o escarolas. Su cosecha se irá escalonando durante toda esta estación.

Hacia finales del invierno puede comenzarse a estercolar y abonar, después de haber cavado bien la parcela otra vez. También es la época de iniciar las siembras, por ejemplo de guisantes rústicos.

Con la llegada de la primavera se completan las cosechas de las hortalizas de invierno y comienzan las siembras. Guisantes, habas o rábanos al exterior y lechugas, apios, coliflores o puerros bajo abrigo. Además, se harán plantaciones de ajos. Hay que continuar trabajando el suelo para preparar nuevas plantaciones y abonar otra vez, pues con la llegada del buen tiempo las plantas crecen y necesitan muchos nutrientes.

Las labores son similares durante todo el resto de la primavera, debiendo cuidar, además, los semilleros que queden al exterior, para evitar que los pájaros y otros animales puedan destruirlos. La eliminación manual de las malas hierbas es importante para que estas plantas no roben los nutrientes a nuestros cultivos y evitar que lleguen a fructificar, pues entonces su multiplicación sería imparable. Es una labor que sí se lleva a cabo cada día nos ocupará poco tiempo. Lo mismo ha de hacerse con las plagas, evitando así el empleo de insecticidas y otros productos químicos.

A medida que queden parcelas libres de variedades tempranas se harán siembras y plantaciones adecuadas a la estación.

Al iniciarse el verano podremos recoger guisantes, habas, lechugas, rábanos, espárragos fresas, tomates, etc. Hay que sembrar pepinos, calabacines, escarolas, endivías, zanahorias y otras especies que recolectaremos un par de meses después. Todos estos trabajos se continúan hasta el comienzo del otoño.

Con la llegada de esta estación se recolectan muchas de las siembras de primavera y verano y hacen a su vez las de vaedades resistentes o de invierno. También hay que comenzar las primeras labores de limpieza y preparación del terreno para el invierno.

El agua la necesitan todas las plantas, pero no en igual medida. Algo tan evidente es a menudo el motivo de fracasos, como son unos tomates acuosos e insípidos o unas zanahorias correosas. Si las hortalizas se cultivan al aire libre en parcelas, conviene agruparlas (además de tener en cuenta sus afinidades o contraindicaciones) en función del agua que necesiten, de modo que todas reciban la cantidad necesaria. El empleo de recipientes (cubos o similares) permite una de limpieza y preparación del dosificación más individualizada.

Los dos métodos de riego más adecuados para el huerto son el de aspersión y el de infiltración lateral, al que podemos añadir el de goteo cuando se emplean cubiertas para determinadas hortalizas. Conviene seguir algunas reglas generales para evitar problemas y para racionalizar el uso del agua. Así, durante las épocas de más calor deberá evitarse hacer el riego cuando el sol está alto, pues la evaporación es muy elevada. Además, si se hace rociando directamente las plantas, las pequeñas gotítas actúan a modo de lentes y llegan a quemar los tejidos. La mejor hora para hacerlo es, por tanto, el atardecer o por la noche. También hay que evitar que el agua esté demasiado fría, como suele suceder en verano si se recoge directamente de un pozo. Si se emplea una regadera, se deja algún tiempo al sol para que se caliente.

Para regar con manguera, se utilizará un aspersor, pues el chorro directo tiene una gran fuerza y en ocasiones rompe y daña las hortalizas. Otra norma general es no regar cuando está próxima la cosecha y tampoco hacerlo sobre el terreno donde crecen hortalizas de raíz, ya que podrían producirse enfermedades como la podredumbre.

Lucha contra plagas y enfermedades

El huerto pequeño, por sus propias dimensiones, no da lugar a la aparición de las plagas características de los grandes cultivos, pero eso no evita que se vea afectado por las mismas procedentes de zonas próximas. Sin embargo, por tratarse de un huerto generalmente de aficionados y donde suele cultivarse una gran variead de hortalizas, no tiene sentido recurrir a medios químicos, no sólo costosos sino perjudiciales para ciertas especies, y que exigirán un cuidado especial a la hora de recoger la cosecha destinada a nuestro consumo.

Si en la región se ha desarrollado una determinada plaga, que los horticultores combaten con ayuda de insecticidas u otros plaguicidas, la solución más racional para el pequeño huerto de aficionado es muchas veces renunciar a ese cultivo concreto, pues existe una amplia variedad de otras opciones. Otra posibilidad es realizar el cultivo bajo cristal, ya sea en campanas o invernadero, pues al crear un ambiente aislado de influencias exteriores, podremos evitar el ataque de la plaga.

Cuando el huerto se encuentra en una región practique la horticultura donde no se practique la horticultura industrial, la variedad de los cultivos impide el desarrollo de estas plagas.

No obstante, pueden aparecer problemas con insectos u otros invertebrados. La presencia de estos animales debe considerarse reflejo de una situación normal en la naturaleza.

Sin embargo, la abundancia de alimento que producimos en el huerto atrae en ocasiones a un mayor número de individuos. Para evitar que aumenten en demasía es suficiente con realizar un control regular de las hortalizas y emplear algunos medios que aunque sencillos son muy eficaces.

El huerto biológico, de popularidad creciente, presupone la renuncia a todo tipo de productos químicos y abonos artificiales de los utilizados en la agricultura y horticultura industriales. Es una opción para el huerto de dimensiones reducidas, y el pequeño tributo que debe dejarse a los otros pobladores de la parcela (insectos, moluscos, etc.) satisface con creces los beneficios que proporcionan unas hortalizas con una mayor riqueza de sabores y libres, en la medida de lo posible, de contaminantes.

Cavando el terreno en invierno (lo que destruye las larvas que reposan en tierra) y haciendo una rotación de los cultivo (lo que impide que un insecto dañino complete su ciclo vital) se logra protección suficiente, que se complementará con la eliminación manual de las larvas o los insectos adultos que aparecezcan ocasionalmente sobre las hortalizas.

Existen métodos tradicionales de gran eficacia, como las trampas para gran eficacia, como las trampas para babosas y caracoles o para avispas, el cultivo de alguna planta repelente para los insectos (el abrótano aleja a moscas, mariposas y pulgones, la cidronela hace huir los ácaros, la cebolleta repele a los pulgones, etc.), la colocación de hojas de retama entre las hortalizas para expulsar a las orugas, el uso de redes sobre el cultivo para evitar que los pájaros coman los frutos, etc.

Un método que también resulta muy útil en los huertos familiares es recurrir a la lucha biológica. Bajo este nombre de apariencia técnica no se oculta más que una regla bien simple, dejar que la propia naturaleza controles a sus pobladores.

La presencia de un sapo en el huerto debemos considerarla beneficiosa, pues su alimento son precisamente los invertebrados que devoran nuestras hortalizas.

Las populares mariquitas, que están experimentando un lento proceso de desaparición y en muchos lugares ya son raras, son un enemigo mortal de los pulgones. Infinidad de pájaros son insectívoros y su dieta lo constituyen esos insectos que queremos eliminar. Si montamos unas cajas anidaderas cerca del huerto, es posible que alguna de estas aves se aloje en ellas y durante la época de cría, cuando más alimento necesita, será un activo "insecticida" inofensivo para las hortalizas.

Si, no obstante, se quieren utilizar productos químicos, deben seguirse algunas reglas básicas. En principio, se recurrirá a ellos sólo sí realmente es necesario y en tal caso siguiendo de manera estricta las instrucciones que se indican en el envase. En un establecimiento especializado de la zona nos aconsejarán sobre los productos más indicados para cada problema. Hay que tener en cuenta que muchos productos tienen un determinado tiempo de latencía, es decir, de aetividad (o toxicidad), tras el cual se inactivan.

Por consiguiente, se evitará su aplicación cuando la cosecha esté próxima, pues traeríamos a nuestra mesa unos productos envenenados. Tampoco se utilizarán insecticidas durante la floración, pues mataríamos insectos beneficiosos para la polinización de las plantas y apenas eliminaríamos ¡os perjudiciales.

Una excepción a esta regla es el azufre usado contra el oídio. larnpoco se aplicarán antes de llover, pues el agua los arrastraría. Y no deben superarse las dosis recomendadas creyendo que así se logran mejores efectos; al contrario, muchas veces dichos proííe íos pueden resultar tóxicos para las ¡dintas. Por último, no olvidemos que aunque se trata de sustancias químicas destinadas a matar insectos, también son perjudiciales para nuestra salud, por lo que si las empleamos es necesario tomar medidas de protección personales (uso de guantes, mascarillas, etc.).

Errores más comunes

  • Recurrir a métodos industriales de luha contra las plagas en un huerto peueño no sólo es desperdiciar tiempo y: dinero, sino que se corre el riesgo de peijudicar a una parte del cultivo.

  • Considerar los métodos biológicos anticuados e ineficaces. Bien aplicados, no sólo alivian los síntomas, sino también la enfermedad, y sin efectos secundarios.

  • Pretender eliminar de forma instantánea una plaga recurriendo de manera repentina a métodos biológicos es erróneo, pues son métodos que actúan a largo plazo pero de forma global, acumulando sus beneficios.

  • Recurrir sólo en parte a procedimientos biológicos es una solución equivocada, pues son métodos que actúan sobre un conjunto amplio (todo el huerto), y el empleo de un único producto químico para eliminar una especie concreta repercute sobre todas las demás.

  • Hay quien quiere aumentar la eficacia de un producto duplicando la dosis y el resultado no sólo es peor, sino incluso el contrario. Deben seguirse las instrucciones.

  • Los insecticidas no sólo matan insectos. También matan bgcolor="#E6DAE6"males e incluso pueden ser tóxicos para los seres humanos.

Escardas

Se trata de una cava muy ligera que sirve para mantener la tierra suelta, impudir la formacion de grietas, costra y eliminar las malas hierbas que vayan saliendo a lo largo del cultivo.

La circulacion del aire es mejor, el agua de lluvia y el riego se absorbe mejor, ya que en la superficie sin labrar escurre sin llegar a profundizar.

Esta labor de escarda se puede aprovechar también para aporcar las plantas, acumulando un poco de tierra al pié de las mismas, dandoles una mayor estabilidad contra el viento; al mismo tiempo que protegemos las raices del frio, al mismo tiempo que toma un color blanco la parte enterrado de algunas hortalizas.

Poda

Esta operación en horticultura consiste en despuntar el tallo principal por encima de la 4-5 hoja con objeto de que ramifiquen y aumenten la producción algunas hortalizas como son el tomate, pimiento, calabaza, melón, sandía, etc., y eliminar los brotes auxiliares de las ramas para frenar el desarrollo vegetativo, favoreciendo así la fructificación.

Tutorado

Esta operación consiste en colocar un sostén a las hortalizas de tallos, trepadores o rastreros, para impedir su contacto con el suelo, favorecer la aireación e iluminación de la planta, así como las labores de riego, escarda, recolección, etc.

Se pueden utilizar para tal fin, cañas y ramas de árbol colocadas en forma de barrca a las cuales se va atando con plástico con esparto o hilo las plantas.

Hoy día se están sustituyendo por mallas de plástico o alambre plastificado sujeto por unos piés derechos colocados a una distancia de 2 metros que pueden ser de madera y hierro; éstos tienen la gran ventaja de tener una gran duración y son fáciles de desinfectar mientras que las cañas hay que cambiarlas todos los años porque se pudren.

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